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LA
RIBERA
de Navarra ofrece escapadas tan atrayentes como
antagónicas. Pocos lugares poseen una combinación
como recorrer a pie o en BTT por la mañana uno de
los desiertos más áridos de la Península
Ibérica
para terminar ante una mesa con las verduras más
frescas y sabrosas crecidas en las fértiles tierras
a la vera del río Ebro. Es el contraste
entre las Bardenas Reales y el valle del Ebro, entre un
semi-desierto modelado por formas ariscas sorprendentes
y con un clima de precipitaciones y temperaturas extremas,
y un vergel con huertas y productos heredados del saber
musulmán y perfeccionados con el paso de los siglos.
En ese paraje de contrastes naturales crecen ciudades fruto de una intensa historia
de pueblos y reinos que lucharon por el valle del Ebro.
Tudela, la
capital, guarda en su casco antiguo casas y calles cuyo
origen se remonta a las comunidades musulmanas o judías.
En medio, sobre los restos de la antigua mezquita mayor,
la Catedral muestra todo su esplendor. Tudela
también es callejear, pasear por las antiguas juderías,
recorrer el paseo junto al Ebro o ir de pinchos por las
plazas y calles del centro. Pero la Ribera es mucho más.
La ruta del C̀ster nos presenta tres monasterios históricos
en la península. Tulebras, Fitero y La Oliva. Y otras localidades
nos ofrecen su monumentalidad, como el barroco de Corella
o el castillo de Cortes. Rutas y paseos discurren por todo
el valle, como la GR-99 o el Camino Jacobeo del Ebro.
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